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El Platja en 1910. La bonita descripción que sigue fue proporcionada (en Catalán) por el restaurante Cal Galán.  La puesta al agua de las barcas: el hecho de no tener un muelle obligaba a sacar los barcos del agua, cuando llegaban, y a volver a ponerlos al agua cuando iban al mar.  Era un verdadero espectáculo ver la salida de los barcos antes que anochezcara.  Ponían más o menos a cinco marineros por tripulación y, al grito de “Oooup, vara va” (Oooup, vara, va), empujaban las pesadas redes sobre la espalda desclavándolas de las piezas de madera.  De allí procede el apodo esquenapelats que se daba a los pescadores de L’Escala.  El barco deslizaba sobre vigas de madera lubricadas con sebo hasta que entrara en el agua causando olas.  La maniobra debía ser rápida poniendo la última viga en el agua, intentando no ser atropellado por la velocidad adquirida por el barco.  Las redes : el puerto de L’Esccala se hizo el más importante de la Costa Brava en pesca a la red, con más de cincuenta barcos y sus lámparos (lámparas a gas para la pesca con luz).
Fotografía de octubre de 2011. Es el verano de la San Martín en La Platja, ha vuelto a tener su calma.  Hace a menudo más de 20°C hasta fechas tardías en noviembre y bañarse es todavía posible.